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sábado, 9 de abril de 2011

La Fiscalía no merece el respeto de los colombianos

Fernando Londoño Hoyos, 
Radio Súper

La justicia Colombiana se está ganando muy merecidamente su desprestigio. La justicia colombiana se ha convertido en una organización política de baja condición. Nos estamos refiriendo ahora a la Fiscalía General de la Nación que es parte de la administración de justicia, según lo dispone la propia Constitución Política de Colombia. Sus exageraciones, sus tergiversaciones, sus excesos, no pueden ser motivo de respeto para el pueblo colombiano. Ayer, en la audiencia para Agro Ingreso Seguro, pidió para los funcionarios del ministerio de Agricultura, gente proba, gente recta, gente buena, muchachos jóvenes de primera condición técnica que le sirvieron al país nada menos que en la recuperación de un millón de hectáreas para la producción de comida en este suelo, para que los colombianos tengan qué comer, esos muchachos fueron parte integral de ese equipo técnico que produjo ese milagro, esos muchachos fueron acusados de no sé cuantos delitos, con unas exageraciones que llegan, sencillamente, al ridículo.

Porque para la Fiscalía, todo lo que hizo Agro Ingreso Seguro (AIS) fue ilegal y delictivo. Vaya, vaya. De manera que los subsidios otorgados a cerca de 300 000 campesino en todo el país, solamente dentro del programa de irrigación, pues en ese programa se centra el escándalo, en los demás no han dicho palabra porque es invulnerable el programa de AIS y porque a todas luces representa una inmensa conquista social de los campesinos pobres de Colombia. Pues esos subsidios son, para la Fiscalía, una ilegalidad, un acto criminal. Vaya, vaya.

Todos sabemos, porque a eso se concretó el escándalo, que lo que está en tela de juicio son los subsidios otorgados a unas personas pudientes que tomaron el dinero y lo invirtieron bien, según se deduce de las noticias que tenemos. Invertirlo bien significa invertirlo en el campo para producir comida y para producir, en general, empleo. Habrá pues que examinar, pues, cual es el límite de la legalidad en ese tema, pero de los otros casi 300 000 subsidios para campesinos pobres no cabe duda alguna, cuyos predios fueron salvados de la aniquilación, de los inviernos y de los veranos por unos procesos de irrigación dirigidos desde el ministerio de Agricultura, y contando con la asistencia tecnológica de la OEA, que es la última palabra cuando se trata de acusar colombianos pero que es un organismo despreciable y un medio detestable de criminalidad cuando se trata de medir el AIS.

Todo este rigor extremo de la Fiscalía General de la Nación contrasta con los hondos silencios y con las graves complicidades de la misma Fiscalía cuando se trata de otros temas. Por ejemplo, cuando se trata de DMG la Fiscalía General de la Nación guarda silencio durante un año entero, año que DMG utilizó para esquilmar a centenares de miles de familias colombianas a quienes les robó billones de pesos con la complicidad de la Fiscalía General de la Nación, la misma que hoy es tan severa con el caso de AIS.

Estamos todavía sacudidos por el escándalo que nos produjo un sujeto que tiene todavía el título de abogado y que, además, se muestra como profesor de una de las que fue una de las mejores facultades de Derecho de Colombia, el Externado. Estamos hablando del señor Ballesteros que aparece en videos tratando de extorsionar a un testigo protegido por los Estados Unidos para que diga lo que le parece en materia de ciertos delitos y de ciertas complicidades. La Fiscalía general de la Nación toma ese delito y encuentra que se ha violado en una sola ocasión la ley penal: un solo delito para Ballesteros. En cambio, para los jóvenes de AIS, que no recibieron un peso de nadie, que no fueron extorsionados por nadie y que no dañaron a nadie: para ellos hubo siete delitos, y para Ballesteros, uno.

Como en el caso de DMG también, cuando la Fiscalía no tuvo más remedio que obrar salvó a DMG y a sus cómplices del delito de estafa y del delito de concierto para delinquir, porque sabía que si incluía esos delitos iba a dañar la imagen de ciertos asesores externos de DMG, algunos de ellos muy caros a los afectos de la Fiscalía General de la Nación. Hace poco estábamos hablando de una pirámide en los Estados Unidos a través de la cual un fulano se robó la plata de las pensiones de jubilación de Pdvesa y decía la prensa que a ese señor le esperaban por lo menos 70 años de cárcel por los delitos cometidos. Por las pirámides en Colombia, que fueron mucho más cuantiosas y mucho más decisivas para el desequilibrio social de esta República, las penas fueron tan leves que ya, por trabajos y estudios en la cárcel y por libertad condicional, salieron de prisión los primeros ejecutores de esa política siniestra. Desde luego, sin acusación alguna por estafa, y sin acusación alguna por concierto para delinquir. En los Estados Unidos, una pirámide es equivalente a una estafa.

De manera que hagamos la comparación: caso DMG, caso de Ramón Ballesteros, la Fiscalía no es solamente benévola sino prácticamente cómplice. En cambio, ante el caso de AIS se trata, según ella, de la mayor defraudación cometida en la historia de Colombia contra los intereses del campo colombiano. Eso, si no tuviera un fondo trágico, lo llevaría a uno a soltar una carcajada de sorpresa y de desprecio por la ignorancia con que la Fiscalía está manejando los grandes temas del país. Complicidad por un lado, rigor extremo, exagerado y estúpido por el otro. Conclusión: la Fiscalía General de la Nación no merece el respeto de los colombianos.

miércoles, 6 de abril de 2011

La ascensión de Ascensio

Fernando Londoño Hoyos
Lapatria.com

Nos parece detestable tarea, pero será necesario hacerla. Porque Ascensio Reyes, sí, el hombre de las fiestas de las Cortes, ha resuelto salir de su madriguera, para presentar su espléndida hoja de vida ante la opinión pública y ante los jueces. La gente del común mirará con interés, y acaso hasta con asombro, cómo un personaje tan oscuro salta al esplendor de los favores judiciales. Y cómo alimenta esas relaciones. Y cómo se sirve de ellas. Y cómo se vuelve magnate y empresario, de los cambios y del turismo y del agro, quien sale de la nada. Sobre todo de la nada moral. Es por eso que campea como un príncipe, por la Fiscalía de Mario Iguarán. Son tan parecidos.

Para emprender esta jornada, la de salir de su madriguera, viene de la mano de una de las favoritas del régimen del 8.000. A quien es mejor no mencionar. A veces conviene aquel castigo famoso, impuesto al que incendió la biblioteca de Alejandría para pasar a la historia, de sepultar nombres mediocres en el olvido que se merecen. Pero vale la pena destacar esa compañía. Lo que salta de las cloacas revela lo que circula por ellas.

Ascensio tendrá que explicar cómo era aquello de su apartamento en Residencias Tequendama, y de sus asistentes, unos de pantalón largo y otras de faldas muy cortas. No era tanto como un "bunga bunga" de los de Berlusconi. Algo va de "Il Cavalieri" a Ascensio. Pero iban en la misma línea.

Ascensio le contará al país cómo y por qué era el organizador de los festejos de las Cortes. Esas fotos, que son muchas, donde todos son magistrados, menos Ascensio, dan mucho qué pensar. Y abren espacio para necesarias explicaciones. Por qué un particular asume el pago de esos festejos y cuál era la contrapartida de semejantes generosidades. Suele ocurrir, así es el corazón humano, que el agasajado queda agradecido con el que arma la fiesta. Y le queda debiendo el favor.

Ascensio fue de peldaño en peldaño, hasta la cima de la apoteosis. De ese modo habrá que llamar la exaltación pública que Ascensio recibe de cierto Presidente del Consejo Superior de la Judicatura en memorable discurso en Santa Marta. Presidente al que le gustaban los obsequios y las "coordinaciones" de sus fiestas.

Ascensio nos sacará de dudas sobre el archi famoso viaje de ciertos magistrados a Neiva, para festejar a uno de ellos. Todo el país sabe que pagó de una de sus empresas el alquiler de un avión jet de Satena para llevar y traer dos días después a comitiva tan lujosa. Y sabe que los invitados no pagaron los cuartos de su hotel, ni desembolsaron un peso por las opíparas fiestas con las que hicieron honor al celebrado. Mal nos parece, muy mal para decir mejor, que un juez permita que alguien lo agasaje de ese modo. Pero ahora sabremos qué despierta ese gran amor de Ascensio por las Cortes.

Por esa misma línea nos iremos para el festín de las Corralejas, de las que ya hay mucho sabido y todavía harto secreto pendiente. Por ejemplo, el de adivinar si Giorgio Sale, el inquietante compatriota de Berlusconi, llegó al corazón de la Corte por el mismo camino de Ascensio. Y seguiremos para Barranquilla, claro, en días de Carnaval, esta vez para saber si Ascensio y Giorgio iban juntos en la caravana que se emborrachó en La Enoteca, el lujoso bar restaurante donde el homenajeado de la Corte, de Ascensio y de Giorgio, y también de Mancuso, estampó con su letra y firma una de las páginas memorables del foro colombiano. ¿No es suculento el plato?

La gira terminará en ciertas cuestiones de la vida de Ascensio. Las que tienen que ver con sus amistades prohibidas. Ascensio es de malas. En sus propiedades y sus sociedades se enredan mafiosos reconocidos. Parece que quiere revivir ese tema y analizarlo a fondo. Y también recordaremos cierto proceso de donde lo sacó en limpio su amigo el ex Fiscal, sacrificando a la Fiscal que lo tenía para medida de aseguramiento y llamamiento a juicio. El perdón se tragó el proceso, pero no el expediente. ¿Quiere, Ascensio, que le demos una miradita?

miércoles, 16 de marzo de 2011

La Corte: que pase al tablero


Fernando Londoño Hoyos
Lapatria.com


La extradición de colombianos, particularmente la que se hace a los Estados Unidos, tiene larga y penosa historia. Cuando empezó la lucha contra los grandes carteles de la droga, el de Pablo Escobar, el de los Rodríguez Orejuela y el de El Mexicano, para ser exactos, se movió todo aquel andamiaje siniestro en el que llegaron a comprometerse los más connotados juristas de Colombia.

El asesinato de Rodrigo Lara Bonilla, a manos de la mafia, revivió el tema de la extradición. Estaba claro que a los delincuentes los tenía sin cuidado el aparato judicial y carcelario de Colombia. Sabían que con un par de cañonazos de un millón de dólares, menuda para ellos, todo se arreglaba. Le temían a la extradición. Solo a eso.

Como el Gobierno de Betancur persistiera, le organizó la mafia, con el apoyo de esa otra mafia que se llamó el M19, la fiesta del Palacio de Justicia. Se trataba de incendiar los archivos de la Corte, asesinar los magistrados de la Sala Constitucional, poner de rodillas el Gobierno y rematar con unas conversaciones de paz conducidas a su antojo.

Aquella barbaridad no resultó. Las Fuerzas Militares y de Policía recuperaron el Palacio y salvaron centenares de secuestrados por estos salvajes. Y Virgilio Barco tuvo el coraje de persistir en la extradición como instrumento fundamental de defensa de nuestro débil Estado contra el poder omnipotente de las hordas mafiosas. Los Ministros Low Murtra y Parejo González pagarían con sangre el valor de enfrentar con esa arma a los carteles de la cocaína.

Llegó la Constitución de 1991. Que cometió con la prohibición de la extradición el primero y el más negro de todos sus pecados. No será para el olvido que los militantes del M19, por esas curiosas veleidades de nuestra democracia, conformaban la fuerza primera de aquella política disociada, confusa y mediocre que parió la triste Carta que nos rige. Y los socios de la masacre del Palacio de Justicia le cumplieron a la memoria de sus caídos y a los dólares de sus compinches. La extradición quedó proscrita y tuvimos que vivir la amarga experiencia de ver a Pablo Escobar de amo y señor del Estado, diseñando la cárcel donde estaría supuestamente recluido. Allá, desde La Catedral, ese infame, custodiado por sus subalternos, entre lujos persas y facilidades plenas, siguió su negocio, vivió como rey, atendió a sus allegados, juzgó y asesinó a los que se salieron de la raya.

Los excesos de Escobar terminaron en lo que debían terminar. Para su búsqueda se utilizaron aviones de espionaje norteamericanos, que no eran inconstitucionales como ahora, y el caudillo de todos los males de Colombia cayó abatido en Medellín. Rodríguez Gacha siguió su suerte y los Rodríguez Orejuela querían disfrutar el camino de los Ochoa, para vivir a sus anchas su gigantesca fortuna. A propósito: ¿que pasó con el clan Ochoa?

El presidente Álvaro Uribe revivió la extradición. La que practicamos con celo y eficacia. Centenares de esos atroces asesinos del género humano pararon en cárceles de los Estados Unidos. Hasta que apareció la Corte Suprema de Justicia. Y con ponencia de su expresidente, Augusto Ibañez, decidió que la extradición no procedía cuando los delincuentes tuvieran denuncias por hacer en Colombia y cuando les quedara pendiente la indemnización a sus víctimas.

Golpe mortal a nuestras relaciones con los Estados Unidos. Golpe mortal a nuestra lucha contra el narcotráfico. Golpe mortal a la dignidad de Colombia, otra vez de rodillas ante la mafia.

Han pasado años desde que la ponencia de Ibañez fue aceptada por sus colegas. Han pasado años desde que el narcotráfico volvió a respirar tranquilo en las cárceles colombianas. Han pasado años desde el día en que la Corte prometió que con su tesis se recuperaban la justicia y los derechos de las víctimas. Pues es hora de que pase al tablero. Es hora de que nos diga de qué sirvió romper con los Estados Unidos, apoyar la mafia, revivir el narcotráfico y deshonrar a Colombia. Esperamos el balance.

jueves, 10 de marzo de 2011

Carta abierta a un comandante

Fernando Londoño Hoyos
Eltiempo.com


No creemos estar equivocados, señor general Navas, cuando decimos ver una negra tempestad en el horizonte de la guerra. Usted, que por tantos años ha trabajado con patriótico desvelo, con valor que admiramos y con éxitos que aplaudimos por la victoria militar, puede estar en mejores condiciones que nosotros para saber lo que pasa. Pero no nos convencen sus argumentos y debemos decirle por qué.

En primer lugar, porque son argumentos. En la guerra hay otras formas para calcular la adversidad y la fortuna. Trabada la batalla, su medida es implacable y no la sobornan los discursos, por brillantes que sean. Por eso, nos parece que en su reportaje faltaron los hechos, amos de estos debates, y sobraron las palabras, los encomios y las descalificaciones.

Entre el 7 de enero y el 7 de marzo contamos 16 hechos de armas, narrados por la prensa y tan indiscutibles como la sangre que costaron. En todos ellos sufrimos dolorosas pérdidas. Dieciséis militares muertos, 38 heridos, 18 policías asesinados y 9 heridos nos dan una pesada cifra de 81 hombres fuera de combate.

De muy distintos y distantes sitios de Colombia se alzan voces angustiadas. La situación del Cauca es horrorosa, dijo el veterano senador de ese departamento Aurelio Iragorri. Nos lo confirmó el presidente de Analac y lo dicen sin ambages los hombres y las mujeres del campo, y los de la Ciudad Blanca. Porque hacia ella, la mil veces gloriosa Popayán, se movieron los llamados 'traquetos' que campeaban en el Valle.

La muerte en Córdoba de cuatro estudiantes universitarios no fue una casualidad. No hay un cordobés que no llore tiempos mejores. Como le pasa a toda la gente de Arauca, Norte de Santander y La Guajira. La frontera con Venezuela se ha vuelto un infierno. Le convendría repasar reciente columna de la periodista Salud Hernández-Mora, para que lo verifique. O conversar unos minutos con el presidente de la Federación Nacional de Ganaderos, José Félix Lafaurie, para que le cuente de quejas y pesares de sus afiliados.

La frontera con el Ecuador y la Costa del Pacífico no gozan de mejor salud. Entre las Farc y el narcotráfico, o si quiere mejor, las ya famosas bacrim, hunden esos pueblos en la tragedia y la desesperanza. Casi teníamos olvidadas las voladuras de los oleoductos. Ahora nos las recuerdan en el norte y el sur del país.

Entre el día en que usted, señor General, le expuso al periodista de EL TIEMPO su tesis y el momento en que escribimos estas líneas, ocurrieron tres hechos capitales. El primero, que en las calles de Bogotá, al mediodía y en presencia de decenas de atónitos niños, sicarios de las Farc intentaron matar a un gran jurista, noble escritor e infatigable batallador por la causa de las Fuerzas Militares, el doctor Fernando Vargas. La pistola asesina se mueve por Bogotá, y tal vez no pare de moverse. Indicio de cosas harto peores. El segundo fue el asalto en la carretera entre Mutatá y Chigorodó, repetición de otro anterior, que ha aconsejado cerrar la vía en las noches. Varios muertos y cuatro buses incendiados son el saldo de una acción más que preocupante, tan cercana a la fervorosa ponderación que usted hiciera de la paz en las vías nacionales. Y el tercero fue el secuestro de los 22 trabajadores de una firma petrolera en el Vichada, que terminó menos gloriosamente de como nos la contaron. Pero no importa. Lo sustantivo es que las Farc notificaron que quieren ser parte en el negocio más sobresaliente que hay en Colombia, y esa no es una buena noticia.

No queremos ganarle una discusión, ilustre General. Ni siquiera entablarla. Solo le queremos decir que este es un problema que a todos concierne y que plantearlo bien es abrir el camino para resolverlo. Negarlo equivale a dejarlo intacto. Que no es de lo que se trata.

jueves, 24 de febrero de 2011

Ballesteros


Fernando Londoño Hoyos
Eltiempo.com


Mientras más acercaba su cara a la del bandido que tenía en frente, de mejor calidad era la filmación y más perfecto el sonido. Queriendo extremar la privacidad del crimen que cometía, el desgraciado multiplicaba su publicidad.

Se hizo Ramón Ballesteros a la sombra de Horacio Serpa y obró, según cuentan, como su secretario privado en las jornadas dolorosas del Proceso 8.000.

Solo un patronato de tales alcances puede explicar que llegara a ser director alterno del Partido Liberal, ese mismo que ha guardado tan meticuloso silencio en este asunto. Siendo egresado de la Universidad Autónoma, se instala raudo en una cátedra en la Universidad Externado de Colombia, la que con su callar también autoriza graves sospechas. ¿Quién lo llevó tan alto y tan aprisa?

Lo hallamos en la exclusiva lista de quienes concurren a la Casa de Nariño para celebrar el triunfo de otro personaje, Mario Iguarán, de condiciones muy parejas a las suyas. No resulta tan sorprendente, entonces, que la esposa de don Ramón encuentre alero de cobijo como empleada de la Fiscalía. Lo que no impedirá, parece que al contrario recomendaría, que nuestro hombre acampare en ese organismo para apoderar las mejores causas que por allá se ventilaren.

Los abogados que se prestaron para conspirar en la mayor estafa cometida en la historia de Colombia, la de DMG, encontraron que Ballesteros era el personaje ideal para guiar la estratagema por dentro. Aquí surge su cercanía con Jaime Bernal Cuéllar, y otros personajes sacados de la misma cantera, para diseñar el sistema que mejor conviniera a la colosal pirámide.

Esa congregación de caballeros del ideal consigue tres cosas fundamentales: que con el nombre de David Murcia Guzmán como garantía se les pudieran robar más de dos billones de pesos a centenares de miles de colombianos codiciosos e incautos; que el Fiscal guardara silencio por el tiempo suficiente para que el desfalco ganara colosales dimensiones; y que descubierto el fraude, tan tardíamente como convenía, la acusación de la Fiscalía llegara por la insignificante conducta de la captación ilegal de depósitos del público.

No faltaron sino la estafa y el concierto para delinquir, figuras que en ninguna parte del mundo se ahorran cuando de estas conocidas trapisondas se trata.

Cuando el ordenado equipo en el que Ballesteros empezaba a ser infaltable urdió la trama de la 'Yidispolítica', lo encontró ideal para la misión. Nadie parecía más a propósito para tratar de organizar, sin la menor vergüenza, a la torpe, insaciable y amoral Yidis, que irrumpe en el escenario, a veces vestida y a veces no, con sus mentiras grotescas y su desenfado sin par.

Es posible que a Ballesteros se le fuera la mano. El número de las contradicciones de la histriónica diablesa excede todo margen de lo razonable. Hasta nuestra Corte tendría problemas para basar condenas en sus dichos.

Ballesteros no descansa. Mejor dicho, no descansa su ambición. Y aparece interviniendo en el tema del tercer canal de televisión, probable motivo para la parquedad noticiosa de los dos ganadores sobre este tema. Y remata la jurídica faena con su salto al ruedo de la 'parapolítica', donde padeció la cornada que comentamos.

Pero no es todo. Porque lo incluyen como candidato al Ministerio de Justicia. El otro era Alfonso Gómez Méndez, lo que permite el remate de la faena: Ballesteros ya fue su tesorero de campaña. Otro patrocinador de quilates para un peón dispuesto a cualquier brega. No es frecuente, pero los peones también caen a veces entre las astas del toro. Solo que la cuadrilla corre al auxilio y Ballesteros apenas es acusado por el delito de soborno. La misma técnica que en DMG. Y los mismos técnicos, sin duda.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Amarga historia

Fernando Londoño Hoyos
Lapatria.com

En la liberación de los últimos secuestrados, hicieron las Farc cuanto les vino en gana. Lo más grave es que no sabemos cuánto hicieron. Porque ellas no suelen contar la parte íntima de sus marrullas y porque el Gobierno cuenta menos.

Las Farc se propusieron restablecer a su socia y amiga del alma, Piedad Córdoba, y lo hicieron. Su complicada imagen llenó todos los noticieros y sus reportajes se oyeron en todo el planeta. Una persona condenada disciplinariamente por incrustarse en ese grupo guerrillero, por servirle de mentora y guía, por compartir su causa, de pronto resucita como el personaje definitivo de la política colombiana. Primer asalto para las Farc.

Las Farc escogen a los que ha de liberar, seleccionándolos entre su más nuevo inventario y guardando en reserva el que políticamente le parece interesante. El Gobierno acepta sin reservas. Segundo asalto para las Farc.

Las Farc escogen los lugares de entrega. Porque ya no les basta con uno solo. Por secretos designios que conserva en la sombra, quiere que el Gobierno le despeje tres, estratégicamente los más sensibles. Villavicencio, Florencia e Ibagué componen un triángulo donde están comprendidos todos los sitios fundamentales para la guerrilla. El Gobierno acepta. Tercer asalto para las Farc.

El Gobierno exige austeridad publicitaria, para evitar que las liberaciones se conviertan en pretexto de aprovechamientos políticos. Quedan prohibidos los medios de comunicación en el operativo. Pero Piedad Córdoba invita a Telesur, la de Chávez, que acompaña la misión con pleno desenfado y saca al aire lo que de su viaje le interesa. El Gobierno se come en silencio esta nueva afrenta. Cuarto asalto para las Farc.

Hay una zona del país que las Farc quieren despejar, y que es una de las más sensibles para el equilibrio de las fuerzas y de las más golpeadas por la guerrilla. Quiere el Cauca. Para eso monta la farsa de las coordenadas equivocadas, que se convierte después en la supuesta chambonería de los pilotos brasileros, a los que acusan sin la menor vergüenza de no saber interpretar unas coordenadas. El Gobierno se molesta, patea, amenaza y acepta. Quinto asalto para las Farc.

El Gobierno exige, una y otra vez, la inmediata e incondicional liberación de todos los secuestrados. Nunca dice si todos quiere decir todos, lo que comprendería a los infelices colombianos que están en poder de esos bandidos con finalidades de extorsión, para alimentar la guerra. Las Farc se hacen como que no oyen y nadie critica su sordera ni su crueldad. Los países vecinos siguen en la línea de no declararlas organización terrorista. Chávez y Correa repiten lo de siempre, esto es, que son insurgentes que merecerían el premio de reconocimiento internacional. ¡Yesos son los amigos! Asalto final para las Farc.

Después de señalar estas victorias ostensibles de los narco terroristas farianos, solo queda despejar la última incógnita. La que probablemente quedará sin resolver por mucho tiempo. Se refiere, claro está, a lo que hizo Alfonso Cano, el jefe máximo que se encontraba en el despejado Cañón de las Hermosas. En sus primeras y repetidas intervenciones, el presidente Santos declaró probable su fuga del lugar donde el Ejército decía tenerlo acorralado. Bien se ve que después le cambiaron el guión para que dijera que esa fuga era imposible y que ni majaderos que fueran, para dejarlo escapar. Para más señas, dijo el doctor Santos que le respiran en la nuca y el pasado sábado lo dieron por muerto.

Pero no hay tal. Lo de la respirada en la nuca es un decir, y lo del muerto una ilusión. Cano sigue perdido, solo que ahora no se sabe dónde. Lo que nadie podrá suponer, es que las Farc prepararon lo que prepararon, consiguieron los despejes que consiguieron, armaron la patraña del sexto liberado y de las coordenadas mal leídas, para nada. Algo se traían entre manos. Tal vez algún día lo sepamos. Algún día en que ya no valga la pena saber si ahí radicó el último y principal asalto ganado por las Farc.