miércoles, 23 de febrero de 2011

Trono moral (III)

José Obdulio Gaviria
Eltiempo.com

La academia y el periodismo de opinión de Colombia tienen aplazada una tarea fundamental: hacer más contacto directo y permanente con la oficialidad. Hay muchos prejuicios. De hecho, en el Caguán, la 'sociedad civil' convivió alegremente, rumbió y enamoró con los guerrilleros, pero -aseguran los testigos- mantuvo distancia -entre hostil, desconfiada y despectiva- con los soldados.

En algunos ambientes 'exclusivos' -en el sentido de que las facturas son muy costosas- miran de reojo, como a apestados, a quienes nos declaramos, franca y decididamente, partidarios y admiradores de la Fuerza Pública. Eso no implica, ni más faltaba, que cohonestemos los delitos o faltas que pueda cometer alguna unidad. En todo conglomerado -máxime si tiene más de 240.000 miembros- habrá, necesariamente, ovejas negras y descarriadas. Pero sí que es bien lejano a la realidad el prurito de que respetarlos y quererlos nos define como fascistas; y que odiarlos es un elevado atributo que reputa y enaltece a la izquierda.

Pude expresarle directamente -sí que me alegra- al general Bocanegra mi sincera admiración y comunión de ideas. Lo habían conmovido (así lo dijo) mi artículo '¿Premio de paz?' (EL TIEMPO, 02-02-11) y los dos programas de CableNoticias, en los que el jurista Jaime Restrepo ilustró al mundo, con pruebas, sobre las andanzas de cierta oenegé ducha en practicar la 'combinación marxista de las formas de lucha'.

El General quería que habláramos personalmente. Acepté su invitación para desayunar y, el viernes 11, muy temprano, llegué a su puesto de mando de la V Brigada. La conversación, alternada con leves interrupciones para mandar -como Dios manda- a sus subalternos, giró sobre la guerra política con la que, sentía él, se acosa inmisericordemente a las Fuerzas Armadas: "La justicia politizada, o 'miedosa de que la asen' los medios de comunicación -así lo dijo el General, entre irónico e indignado, citando el milagro pero no al 'santo' autor de tamaño e infeliz tropo-; y el silencio, el miedo, o la complacencia de los medios, nos están ganando la batalla crucial: la del dominio del 'trono moral' ". -Yo escribí sobre ese trono -anoté. "Por eso lo menciono, porque leí sus dos artículos y espero alimentar con mis ideas el tercero". El general, acompañado por otros juiciosos y concentrados militares, me describió con detalles esclarecedores cómo las Fuerzas Armadas, con amplia cooperación de la ciudadanía, estaban creando una nueva patria para miles de colombianos en la extensa circunscripción de su Brigada. "Después de décadas de prédica incendiaria y ejercicio del terror de las organizaciones armadas, las aguas están regresando a su curso -dijo-. Y lo mejor, es que hay muchos empresarios que invierten, traen progreso, crean fuentes de ingreso. Esa es la razón por la que quería hablar con usted y con el doctor Jaime; porque nuestra labor quiere ser desacreditada y perseguida por aquellos a quienes la seguridad democrática derrotó, aquellos que quisieran ver el regreso triunfal de 'Gabino' y 'Pastor Alape'; aquellos a quienes les da urticaria ver a los capitalistas que pagan salarios y prestaciones normales a los trabajadores que reforestan estas tierras que ellos inundaron con matas de coca, cuya erradicación intentaron sabotear". Había mucho que tratar con el General, pero como le hacían cosquillas en los oídos las aspas del helicóptero que iba a trasladarlo a Montes de María, le propuse que nos reuniéramos la víspera del Taller Democrático de Bucaramanga. -Claro -me dijo. Lo espero aquí el viernes en la noche.

Y llegué; pero a sus exequias. Ese día murió en la batalla cotidiana: la del cumplimiento del deber. En Bucaramanga, luego en Bogotá, miles de personas lo despidieron entre lágrimas y aplausos, las únicas recompensas que nos exigen los héroes, aquellos que siempre están dispuestos al máximo sacrificio.

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