sábado, 16 de abril de 2011

Falsos positivos judiciales

Jorge Enrique Pava Quiceno
Lapatria.com


En un atinado y bien fundamentado editorial del diario El Espectador del miércoles pasado, se hace una especie de denuncia relacionada con la supuesta rigurosidad de la justicia colombiana en el caso de Agro Ingreso Seguro, y con la forma como ésta misma justicia quiere mostrar resultados a toda costa, aún sacrificando la libertad, la dignidad y los derechos de las personas.

Hace unas interesantes reflexiones el editorialista sobre el afán mediático de quienes dictaron medida de aseguramiento en contra de cuatro funcionarios de alto rango en el Ministerio de Agricultura, no por "haber hecho algo indebido" sino por "no haber previsto en las regulaciones legales suficientes mecanismos de blindaje para que los recursos no fueran desviados". ¡Qué tal! Se agotan los procedimientos legales; se cumplen todos los formalismos exigidos; se respetan todos los cánones contemplados en el otorgamiento de recursos; se cumplen las revisiones en todas las instancias; y cuando, una vez en manos de particulares, esos recursos son malgastados o desviados, se quiere encontrar la responsabilidad en los funcionarios que los otorgaron y no en quienes los utilizaron indebidamente. Es como si, con el producto de un préstamo bancario, el beneficiario comprara un cargamento de narcóticos; ¿tendrían que pagar una condena el gerente del banco y demás empleados que intervinieron en la operación bancaria?



Pero esa justicia mediática que hoy se hace presente en el caso de AIS, no está debutando apenas ahora. En Manizales y Caldas hemos venido soportándola desde hace unos cuantos años en los que todo se judicializa, toda actuación es mirada con recelo y toda obra que se emprende se ve truncada por la influencia de la envidia política, económica o social que encuentra eco en los órganos de control o judiciales.

Infortunadamente en esta región quien gestiona el desarrollo, quien actúa, quien visiona con emprendimiento o quien se atreve a soñar, no es digno de alabanza, apoyo, colaboración y reconocimiento, sino que se convierte en sospechoso, corrupto, prevaricador y delincuente. Y como nuestra justicia muchas veces atiende con dudosa celeridad el rumor, la noticia malintencionada, el anónimo cobarde o la acusación infundada, cualquier persona (sobre todo el funcionario público) pasa de la gloria al infierno por un titular de prensa o por una noticia "filtrada", que no tiene un objetivo diferente al de poner en la picota pública a quien se quiere destruir, así al final, después de una larga tortura y varios millones perdidos, salga absuelto de toda culpa.

Miremos, por ejemplo, el caso de Manizales Segura donde se investiga con bombos y platillos a un gran número de personas que prestan servicios o venden bienes lícitos, de buena fe y cumpliendo todos los requisitos comerciales. ¿Qué se busca con esto? Dejar la sensación de que la justicia está operando, de que hay funcionarios pendientes de cuidar nuestros recursos, y de que existe una racionalidad en los órganos de control y judiciales. ¿Cuánto les cuesta este espectáculo al Estado y a los particulares que se ven involucrados en un largo y oneroso proceso, que cumple más un objetivo de escándalo mediático?

O en Aerocafé, donde la Contraloría procede en contra de decenas de personas que nada tienen que ver en el asunto, tratando de encontrar culpables por fallas geológicas, desastres naturales o imprevistos, y para ello utiliza una especie de "regadera" investigativa generando un pánico regional. ¿Qué pueden pretender? Desgastar las personas, vengarse del enemigo, desestabilizar al contendor, salir airoso de una batalla politiquera irracional, o simplemente generar caos para posar luego de salvadores. Y los órganos de control prestándose para este juego perverso…

Y remata el editorial citado con una frase que encaja perfectamente en lo que estamos viviendo en nuestra región: "… ojalá la justicia no permita que inocentes terminen pagando para satisfacer la ansiedad de la opinión pública o alguna que otra carrera política. No quedará una sola persona correcta en el país que se arriesgue a trabajar para el Estado si se siguen sentando malos precedentes como los que estamos presenciando".

¿Se le apuntaría Usted a ejercer un cargo público a sabiendas de que por un anónimo, por una acusación infundada, por un falso positivo judicial o por la venganza de un poderoso, va a ser destituido, estigmatizado, destruido o encarcelado? ¡Seguramente que no! De ahí que a estas alturas del partido electoral no haya claridad sobre personas buenas que quieran aspirar a gobernación o alcaldía, pues saben que con el solo hecho de exponer su nombre saldrán esas arpías politiqueras que sobrevuelan nuestra ciudad a tratar de mancillarlos, destruirlos y desterrarlos, utilizando los órganos de justicia para sus fines perversos.

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